domingo, 1 de febrero de 2015

BODA INDIA FALLIDA


Están pasando tantas cosas que no encuentro el momento de pararme y ponerme a contarlas.

Una de esas cosas es la boda a la que asistí el pasado viernes con una amiga y su familia. Una boda fallida.

Todo comenzó muy rápido. Llegamos a casa a las cinco y media y recibimos una llamada de Malika invitándonos a una boda. Antonio tenía que trabajar, pero yo pensé que me vendría bien para mi TFG, así que me apunté. A las seis y cuarto tenía que estar en su casa, aunque por allí la cosa se retrasó y acabé yendo a las ocho.  Al llegar con las "mejores galas" que se me ocurrió meter en una maleta con destino la India, me ofrecieron ponerme un vestido típico, acepté, y... voilá!


En la India las bodas duran tres días, durante los cuales se realizan una gran cantidad de rituales. Las familias de los novios permanecen separadas y realizan las celebraciones por su cuenta hasta el último momento; cuando, supuestamente, ambos se encuentran en el típico Marriage Garden. Y digo supuestamente porque esta vez no fue así. Ya que tras acompañar al novio durante todo el camino nos encontramos con este panorama tan desolador. Todo vacío, no estaba ni la novia.


Como veis, poco puedo contar de la boda y del encuentro de los novios. Podría seguir cotilleando sobre las posibles causas de este curioso suceso, pero prefiero hablaros del recorrido que hicimos.

El novio es el primo de mi amiga, así que nosotros fuimos de su parte. Por cierto, aunque otro día ya os contaré más sobre este asunto, las bodas de conveniencia están a la orden del día, son las más comunes en India; y esta era una de ellas. Ningún miembro de la familia de Malika conocía a la novia - y seguirían sin conocerla- , a la cual su prometido había visto una o dos veces antes de la boda. En fin. A lo que iba, que la costumbre aquí es acompañar al novio durante el recorrido que hay entre el lugar en el que se encuentra reunida toda la familia -entre ellos este pequeño mafioso- y el Marriage Garden, y así lo hicimos.




Salimos a la calle junto al futuro marido. Este iba sentado sobre un caballo blanco completamente decorado y ataviado con unas cuantas joyas de plástico, un turbante y un sable. Él cerraba la comitiva. Por delante los hombres bailaban al son de la música de la banda. Tras ellos caminaban las mujeres. A simple vista todo era súper divertido, y la verdad es que me hacía mucha gracia verles bailar. ¿Verles? ¡Ah, sí, que les veía! Porque llevábamos a unas quince personas "intocables" a nuestro alrededor cargando con unas lámparas que no tenían pinta de pesar poco. Estas personas eran niños, ancianos y mujeres; no esperéis a algún fortachón, no... Y, por supuesto, detrás llevábamos a una camioneta transportando un generador. Todo me parecía demasiado absurdo. Lo cierto es que no sé qué me pareció más patético; si eso, o el hecho de que los hombres bailasen y se paseasen entres los músicos, con billetes de 10 Rp en alto y riéndose al ver cómo saltaban para intentar cogerlos. En fin...



Para que os hagáis una idea, la imagen que más se repite en mi cabeza al pensar en la boda es la típica flor rosa de plástico del Chino; que ni huele, ni oxigena, ni ; solo aparenta.

* ACTUALIZACIÓN: Creo que no he sabido explicar muy bien lo que me cabreaba. No son las lámparas y no son los billetes de 10 Rp, son las formas. Es el aire de superioridad que se respira en el ambiente. No culpo a cada individuo como tal, culpo a la sociedad. Una sociedad completamente jerarquizada que les enseña que tienen todo el derecho del mundo a comportarse de esa manera porque son de una casta superior. Realmente creen que son diferentes. Supongo que lo que más me cabrea es que crean en las castas...


A pesar de todo, creo que debe ser bastante especial, a la vez que curioso, poder vivir una boda desde dentro, durante los tres días. Sé que para ellos son realmente importantes y que, posiblemente, no se den cuenta de todas esas cosas que a mí me chocaron tanto. Son tradiciones y costumbres que debemos respetar.

Estoy muy contenta de haber asistido a esa boda fallida y también de ver cómo todo el mundo cuenta con nosotros; para que aprendamos lo máximo posible sobre este país tan increíble. Además, por un rato me sentí un poco Jasmín, la de Aladdín.

Inés.

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