Están pasando tantas cosas que no
encuentro el momento de pararme y ponerme a contarlas.
Una de esas cosas es la boda a la
que asistí el pasado viernes con una amiga y su familia. Una boda fallida.
Todo comenzó muy rápido. Llegamos
a casa a las cinco y media y recibimos una llamada de Malika invitándonos a una
boda. Antonio tenía que trabajar, pero yo pensé que me vendría bien para mi TFG,
así que me apunté. A las seis y cuarto tenía que estar en su casa, aunque por
allí la cosa se retrasó y acabé yendo a las ocho. Al llegar con las "mejores
galas" que se me ocurrió meter en una maleta con destino la India, me
ofrecieron ponerme un vestido típico, acepté, y... voilá!
En la India las bodas duran tres
días, durante los cuales se realizan una gran cantidad de rituales. Las
familias de los novios permanecen separadas y realizan las celebraciones por su
cuenta hasta el último momento; cuando, supuestamente, ambos se encuentran en
el típico Marriage Garden. Y digo supuestamente
porque esta vez no fue así. Ya que tras acompañar al novio durante todo el camino nos encontramos con este panorama tan desolador. Todo vacío, no
estaba ni la novia.
Como veis, poco puedo contar de
la boda y del encuentro de los novios. Podría seguir cotilleando sobre las
posibles causas de este curioso suceso, pero prefiero hablaros del recorrido que
hicimos.
El novio es el primo de mi amiga,
así que nosotros fuimos de su parte. Por cierto, aunque otro día ya os contaré
más sobre este asunto, las bodas de conveniencia están a la orden del día, son
las más comunes en India; y esta era una de ellas. Ningún miembro de la familia
de Malika conocía a la novia - y seguirían sin conocerla- , a la cual su
prometido había visto una o dos veces antes de la boda. En fin. A lo que iba,
que la costumbre aquí es acompañar al novio durante el recorrido que hay entre
el lugar en el que se encuentra reunida toda la familia -entre ellos este pequeño mafioso- y el Marriage Garden, y así lo hicimos.
Salimos a la calle junto al futuro
marido. Este iba sentado sobre un caballo blanco completamente decorado y
ataviado con unas cuantas joyas de plástico, un turbante y un sable. Él cerraba
la comitiva. Por delante los hombres bailaban al son de la música de la banda.
Tras ellos caminaban las mujeres. A simple vista todo era súper divertido, y la
verdad es que me hacía mucha gracia verles bailar. ¿Verles? ¡Ah, sí, que les
veía! Porque llevábamos a unas quince personas "intocables" a nuestro
alrededor cargando con unas lámparas que no tenían pinta de pesar poco. Estas
personas eran niños, ancianos y mujeres; no esperéis a algún fortachón, no... Y,
por supuesto, detrás llevábamos a una camioneta transportando un generador. Todo
me parecía demasiado absurdo. Lo cierto es que no sé qué
me pareció más patético; si eso, o el hecho de que los hombres bailasen y se
paseasen entres los músicos, con billetes de 10 Rp en alto y riéndose al ver
cómo saltaban para intentar cogerlos. En fin...
Para que os hagáis una idea, la imagen que más se repite en mi cabeza al pensar en la boda
es la típica flor rosa de plástico del Chino; que ni huele, ni oxigena, ni ná; solo aparenta.
* ACTUALIZACIÓN: Creo que no he sabido explicar muy bien lo que me cabreaba. No son las lámparas y no son los billetes de 10 Rp, son las formas. Es el aire de superioridad que se respira en el ambiente. No culpo a cada individuo como tal, culpo a la sociedad. Una sociedad completamente jerarquizada que les enseña que tienen todo el derecho del mundo a comportarse de esa manera porque son de una casta superior. Realmente creen que son diferentes. Supongo que lo que más me cabrea es que crean en las castas...
* ACTUALIZACIÓN: Creo que no he sabido explicar muy bien lo que me cabreaba. No son las lámparas y no son los billetes de 10 Rp, son las formas. Es el aire de superioridad que se respira en el ambiente. No culpo a cada individuo como tal, culpo a la sociedad. Una sociedad completamente jerarquizada que les enseña que tienen todo el derecho del mundo a comportarse de esa manera porque son de una casta superior. Realmente creen que son diferentes. Supongo que lo que más me cabrea es que crean en las castas...
Estoy muy contenta de haber asistido a esa boda fallida y también de ver cómo todo el mundo cuenta con nosotros; para que aprendamos lo máximo posible sobre este país tan increíble. Además, por un rato me sentí un poco Jasmín, la de Aladdín.
Inés.

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