Pausa. Estamos en el tiempo de
descanso. Si miráis el mapa de la entrada anterior estamos en el puntito en el
que todas las rayas confluyen, en Jaipur, en aquel lugar al que dentro de la
India llamamos hogar. Y estamos agustísimo, realmente necesitábamos este
momento; y más aún después de que las líneas discontinuas que representaban un
vuelo Kathmandú - Delhi se convirtiesen en más de 30 horas de autobuses y
trenes sin asiento reservado. Pero eso es otra historia.
El caso es que estamos en Jaipur,
Antonio se está echando un siesta a la española, con la panza llena y con la
ventana de la terracita abierta, y yo he aprovechado para volver a coger un
ordenador y poneros un poco al día. Si estamos en Jaipur significa que llevamos
más de un mes viajando y que nos quedan tres semanas más. Supongo que este es
el momento en el que la gente espera que haga balance y reflexione un poco; vamos a ver si consigo ordenar algo dentro de esta cabecita.
La India es tan... India. Me
sigue pareciendo única e increíble. La India te suelta una torta en la mejilla
izquierda mientras te acaricia la derecha.
El viaje empezó perfecto, perfectísimo diríamos, nos sorprendía lo bien
que nos podía salir todo en un país tan imprevisible. La primera parada nos llevó hasta
Agra, posiblemente la ciudad más turística que hemos visitado. Agra nos
esperaba con el Taj Mahal en primer plano y con los brazos abiertos, - a nosotros y a
otros miles de turistas de esos que nosotros hemos denominado "indios
posturitas"-. Orchha nos enamoró, haciéndonos sentir como dos exploradores descubriendo templos en medio de la selva. A Khajuraho, en cambio, le
faltaba ese encanto descuidado y salvaje. Varanasi... ¡Ay Varanasi! ¿Cómo se puede
amar y odiar tanto algo al mismo tiempo? Al final ganó el amor; ganaron sus
callejuelas de colores, el paseo en bote por el Ganges y unos pies a medio
hacer que asomaban en una hoguera.
Todos los planes rodaban a la
perfección hasta que tratamos de llegar a Cherrapunjee, el pueblecito que nos
abría las puertas hacia los puentes vivientes que tantas veces soñamos cruzar.
A pesar de encontrar una ciudad con el cerrojo echado debido a un atentado que
se había producido en Delhi, y tardando un poquito más de lo previsto, logramos
continuar el viaje. Eso sí, antes de conseguir salir lloré; era duro quedarse a
las puertas tras dos días completos de viaje. Pero llegamos. Y cruzamos los
puentes vivientes, y los puentes colgantes; y nos bañamos en el río, y en el
agua azul y congelada que quedaba bajo la cascada; y descubrimos Nongriat, un
pueblito en medio de la selva, su escuela y sus niños; y cenamos el Dhal de
Loreta tras días agotadores de caminata. Y grabé, grabé mucho, pero eso ya lo
veréis cuando termine mi TFG ;)
Después visitamos Darjeeling, un
lugar conocido por producir el mejor té del Mundo. Cuando la niebla nos lo
permitió, pudimos ver los miles de bancales verdes que decoran las montañas y
el Kanchenjunga, el tercer pico más alto del Planeta. Aunque esté lejos
impresiona, impresiona muchísimo.
El 23 de febrero por la noche
entramos en Nepal. Una India más pequeña, tranquila y limpia, pero con peor
comida. Tras llegar a Kathmandú y tras más de una uña mordida por los nervios,
decidimos irnos a hacer trekking al Himalaya. Antonio me insistió mucho, me
dijo que era capaz de hacerlo, que solo tenía que creerlo; y le creí. Y lo
hice. Es más, baje el tiempo de media, lo que me llenó de orgullo y
satisfacción. Me sentí más que feliz rodeada de esas gigantescas montañas cubiertas
de nieve, de la tranquilidad y plenitud que transmitían y de verme en un lugar que
siempre me había parecido tan inalcanzable.
Kathmandú tiene magia y muchos
lugares que esperan a que volvamos para ser descubiertos. Así que volveremos, y
nos tomaremos algo a la salud de todos vosotros en una de las terracitas que
rodean la Boudhanath Stupa decoradas con banderitas de colores y bajo los ojos
atentos de Buda. ¡Ah! Y por supuesto, la próxima vez comprobaremos la fecha del
vuelo antes de comprarlo.
Antonio ya se ha levantado de la
siesta y estamos haciendo el cambio de equipaje para las semanas que nos
quedan. Lo cierto es que estamos un poco cansados, los trayectos aquí son
bastante duros y agotadores; pero tenemos unas ganas locas de seguir
descubriendo este país tan maravilloso. Hoy por fin vamos a dormir sobre una
superficie que no se mueve, ¡no nos lo podemos ni creer! Así que tenemos
pensado recuperar tooodas las pilas que nos faltan. Rajastán, Bombai y Goa nos
esperan y nosotros no podemos esperar más para conocerlos a ellos.
Inés :)