martes, 9 de febrero de 2016

ORCHHA, CIUDAD PALACIEGA - 09.02.2015 -

Amanecimos en Orchha, una ciudad palaciega muy poco conocida entre los turistas -pero más que recomendable visitar-, que se encuentra en el Estado de Madhya Pradesh. Nada más salir del hostal, compramos un poco de fruta y el dueño de este nos invitó a jalebi, unos dulces anaranjados con forma de lazo muy ricos (según Anto están malísimos). Fuimos hacia la plaza principal en la que había un mercado, y en una de las calles que conducían a esta nos pusieron el puntito en la frente. A mí también me colocaron el sindoor, una línea roja en la raya central del pelo que identifica a las mujeres casadas. En mi caso lo dieron por hecho al verme con Anto; y yo decidí no quitármelo ya que me resultó gracioso.

Atravesamos el puente que pasa por encima del río Betwa, donde un Brahman nos dio la bienvenida, y nos pidió alguna que otra monedilla, y llegamos a la fortaleza. A la entrada compramos el ticket que nos permitiría visitar los monumentos más destacados de la ciudad por 250 Rp. Por cierto, digo ciudad porque la gente la denomina así, pero más bien es un pueblito de unos 9.000 habitantes. 


El primer palacio-fortaleza que visitamos fue el Jehangir Mahal que, a nuestro parecer, fue el más bonito de todos. Tiene la base rectangular, varios niveles de altura y multitud de habitaciones y pasillos por los que uno puede perderse. Está bastante bien conservado, y todavía se pueden apreciar restos de la decoración hecha con lapislázuli. Tuvimos la suerte de poder visitarlo casi solos. A continuación visitamos el Raj Mahal, donde pudimos observar numerosas habitaciones pintadas con motivos de batallas, dioses, animales, etc. y el Raj Proveen Mahal, rodeado de un jardín que se mantiene cuidado. Lo cierto es que estos palacios nos gustaron muchísimo. Tienen cierto encanto. A pesar de estar medio abandonados, se conservan en buen estado; parece que no han sido reformados y no intentan convertirse en una atracción turística. Simplemente están ahí, lo que permite al viajero que se adentra en ellos sentirse como un auténtico Harrison Ford en Indiana Jones.


 



Comenzamos a descender entre naturaleza salvaje hasta llegar a los restos de los antiguos establos de los camellos; y desde ahí seguimos caminando entre pequeños templos, flores amarillas y cabras hasta la orilla del río. Allí, unos niños que acababan de salir de la escuela, se vinieron con nosotros y empezaron a bañarse, mientras unas mujeres lavaban la ropa. Estuvimos descansando un rato hasta que nuestras barrigas empezaron a gruñir y emprendimos el camino de vuelta. Nada más cruzar el puente nos sentamos en un pequeño restaurante, pero aquí a la señorita no le parecieron bien lo precios, y después de estar un rato mirando la carta, decidió que no era el lugar adecuado para comer. Así que nos levantamos y continuamos buscando otro sitio. Al final ninguno me pareció bien, por rata. El cabreo y el hambre de Anto comenzaron a aumentar paralelamente. Acabamos comprando samosas en un puestecillo y quedándonos con hambre, jeje.





Volvimos a atravesar la plaza y una chica que hablaba español me paró para regalarme una pulsera y para hacer una pinky promise de que volvería a su puesto más tarde. Nunca regresé. Eso fue algo que Anto jamás me perdonará. Decidimos volver a la habitación a descansar un poco antes de continuar.

Comenzamos a caminar hacia otro de los templos que venía incluido en el ticket y que se encontraba en lo alto de una colina. No recuerdo el nombre, pero si tuviésemos que descartar algún lugar de la visita, diría que este. Desde ahí regresamos al centro de la ciudad y fuimos a visitar el Ram Raja, un templo que se encuentra justo en el centro. Tuvimos la suerte de poder entrar y de que nos dejasen acceder a través de una pequeña puertecita que conducía a un montón de pasadizos a través de los cuales se llega al tejado del templo. Un hombrecillo nos dejó una linterna y, si no fuese por el grupo de chavales que comenzó a seguirnos, podríamos habernos sentido de nuevo como auténticos exploradores.

Antes de que se pusiese el Sol nos pusimos en marcha y caminamos muy rápido hasta llegar a los Chhattri, unos cuantos cenotafios (monumentos funerarios) rodeados de unos jardines perfectamente cuidados y a orillas del río. Llegamos con quince minutos escasos para visitarlos antes de que cerrasen. Pero mereció la pena. Desde ahí bajamos de nuevo hasta otro punto del río y nos paramos a descansar. Nos sentamos junto a varios hombres que estaban pescando y vimos cómo a un hombre le afeitaban la cabeza. Al principio nos hizo gracia, le estaban dejando una coletilla muy hipster, pero luego nos enteramos de que lo hacía como señal de luto por la muerte de su padre y ya no fue tan gracioso.





Regresamos al hostal a cenar. Allí nos dijeron que nos hiciésemos nosotros mismos la cuenta de nuestra estancia y la mujer del dueño se dedicó a decorarme la mano con henna con un dibujo realmente bonito. Jugamos un rato con los niños de la casa y yo me quedé hasta tarde haciendo una entrevista a Poonam Anand, una abogada que me contó la dramática historia de las mujeres de su familia para mi reportaje.


Inés :)

miércoles, 27 de enero de 2016

VISITA A AGRA - 07.02.2015 -

Han pasado 10 meses desde que volvimos de la India. Parece mentira que el tiempo pase tan rápido... Últimamente he estado pensando bastante y he decidido que ya va siendo hora de continuar lo que empecé con tanta ilusión. A día de hoy los TFGs ya están entregadísimos, y uno va en camino de ser publicado, pero sobre eso ya os iré contando. Por ahora retrocedamos al 7 de febrero de 2015...

Cogimos el tren hacia Agra a las 4:30 a.m. y llegamos a nuestro destino cuatro horas más tarde. Nada más salir de la estación, los conductores de los tuc-tuc llegaron al ataque. Tras discutir un rato los precios  nos fuimos con uno con el encargo de que nos llevase a un hostal muy barato cerca del Taj Mahal. Se dirigió hacia la Puerta Sur de este, allí se encuentran los hoteles más baratos por ser una zona menos cuidada y, por tanto, turística; y nos llevó al Hotel SaiPalace. Recomendadísimo. Era un hotel limpio, bonito, con una azotea con vistas preciosas y barato. El precio normal de una habitación eran 600 Rp, pero nosotros conseguimos rebajarlo hasta las 400 Rp (5,50 €). En la azotea conocimos a Nuno y Albo, un padre y una hija de Almería muy majetes que nos recordaban a Paquillo y que conocían Albuñol.


Sobre las doce del medio día nos pusimos en marcha. Pasamos por delante de las taquillas del Taj Mahal y, como había poca gente, decidimos comprar la entrada para el día siguiente. La entrada para los extranjeros cuesta 750 Rp, y para los indios 20 Rp, cosa que nos cabreó bastante y que seguimos encontrando en la mayoría de los lugares que visitamos. Hay que tener cuidado con un asunto. Al comprar la entrada te dicen que vale para visitar gratis los otros lugares típicos de la ciudad, y es cierto, pero como siempre tiene su truco. El precio de las entradas está dividido entre lo que cuesta la visita al monumento y las tasas que cobra el Gobierno. Estas últimas suponen la mayoría del precio, por lo que sí, la visita es gratuita pero de las tasas no te libra nadie.

Después de dar un paseo alrededor del Taj Mahal echamos a andar un buen rato y cruzamos el río hasta llegar al Itmad-ud-Daula, más conocido como Baby Taj. Como su nombre indica se trata de un pequeño Taj Mahal situado en medio de unos jardines. Es un lugar muy bonito y tranquilo, perfecto para echar una siesta en medio del jaleo de la ciudad.



Comimos parte de los sándwiches de atún y tomate que llevábamos preparados, -el resto se lo dimos a unas niñas-, y compramos un poco de fruta en un puesto callejero. Se nota que aquí los precios ya van subiendo. Con el estómago lleno comenzamos a andar atravesando un barrio muy pobre, pero lleno de casitas de colores y niños sonrientes que se acercaban a nosotros. Lo cierto es que la mayoría de los turistas que pasaban por ahí lo hacían en autobús turístico o en rikshaw, casi ninguno lo hacía a pie. Creo que es el barrio más pobre que atravesamos hasta el momento. Muchos de los niños se encontraban en cuclillas, en un borde de la acera, haciendo sus necesidades, uno al lado del otro, y mirándonos como si nada. ¡Esto se iba convirtiendo en un campo de minas! Parece mentira que este fuese el camino que nos condujese a Mehtabbagh, el parque desde el que observar el Taj Mahal desde su cara norte. Como es normal, allí tampoco pasamos desapercibidos, -y menos Anto con su camiseta de Super Man-. Nada más llegar unos hombres se nos acercaron pidiendo hacernos unas fotos para el periódico, ya que el día siguiente era el Día de la Rosa en India. Y nos hicieron las fotos, ¡y madre mía!, no tienen desperdicio... 





Esperamos a que se pusiese el sol y a que nos echasen. Salimos muy confiados, pensando en que a la salida habría un montón de tuc-tuc peleándose por llevarnos de vuelta, pero no fue así. Es más, nadie quería llevarnos. Por listos. Todos los turistas que habían llegado en autobús se subieron y se marcharon, y el resto de tuc-tuc esperaban a las personas que habían traído. Echamos a andar con la cabeza bien alta, pensando en todo el camino que nos quedaba de vuelta hasta el hotel. Eso sí, cada vez que escuchábamos un motor nos girábamos corriendo y estirábamos el dedo a ver si había suerte. Menos mal que al final uno paró con cuatro chicos guiris y, no sabemos cómo, conseguimos apretarnos en el asiento del conductor, eso sí, dejando medio cuerpo fuera.

Por la noche salimos a dar una vuelta por el barrio en el que nos habíamos metido. Anto tenía la barriga como muchos ya sabemos, así que cenó unos plátanos. (Ahora viene cuando yo presumo): En cambio yo, como soy muy valiente, me acerqué a un puestecito en medio de una plaza rodeado de chavales y pedí una de esas cosas que estaban haciendo. Los del puesto me miraron divertidos y me dijeron que... ¡ERA LA PRIMERA EXTRANJERA EN COMER EN EL PUESTO! -cosa que, por supuesto, me llena de orgullo y satisfacción-. Cené un plato de chowneis -no consigo recordar cómo se escribía y Google no me ayuda-; una especie de espaguetis con salsa de soja, picante, huevo revuelto y verduras a la plancha que... ¡delicia!

A las 09:00 a.m del 8 de febrero estábamos en la fila para entrar al Taj Mahal. Todo estaba bastante tranquilito, ni rastro de la fila de gente que vimos la tarde anterior desde el otro lado del río, intentando rodear la tumba. Y es que sí, aunque parezca mentira, el Taj Mahal no es más -ni menos- que eso, una tumba que el emperador musulmán Shah Jahan mandó construir en 1631 en honor a su favorita y difunta esposa Mumtaz Mahal. ¡Ay que ver la cosas que se hacen por amor! O que se mandan hacer... 

El Taj Mahal impresiona, para qué vamos a mentir, pero también hay que decir que mucho es postureo. Todo está lleno de indios posturitas que van con sus mejores galas para hacerse la típica foto cogiendo la puntita de la cúpula (ejem... sí, igual que la que nosotros nos hicimos). Posiblemente el Taj Mahal sea el monumento más conocido de la India en el extranjero pero, en nuestra opinión, no representa  a la India. No representa a los niños que juegan descalzos a la entrada, ni a los mendigos que piden dinero, ni se ven montones de basura acumulados en las esquinas, y la sencillez y humildad de las personas brilla por su ausencia. Pero vamos, que impresiona y es digno de visitar.



A continuación nos dirigimos al Agra Fort o Fuerte Rojo de Agra. El fuerte se encuentra a orillas del río Yamuna, y fue mandado erigir en 1565 por el emperador mogol Akbar. Es un lugar tranquilo y realmente bonito y cuidado. Paseamos un rato por todos sus rincones, galerías y jardines. Mirando hacia el horizonte, en mitad de la niebla/contaminación, pudimos divisar la silueta del Taj Mahal; parecía un palacio recién sacado de la película de Aladdín.



A la hora de comer nos dirigimos al hotel, comimos a arroz blanco y tortilla francesa -el estómago de Anto lo necesitaba-, cogimos las mochilas y volvimos a la estación de tren. Allí compramos un ticket en la clase general por 190 Rp hacia Orchha. Durante el trayecto todo el mundo trataba de hablar con nosotros, y yo conocí a Chocolate... ¡Ay, Chocolate! A Chocolate la bauticé yo -igual que a Good Morrrning-. Chocolate es una niña pequeña que viajaba con su abuelo y con la que pasé medio trayecto jugando al juego de las palmitas (choco - choco - la -la, choco -choco - te - te...) ¡en español! Fue sorprendente lo rápido que lo aprendió. Cuando bajamos del tren en la estación de Jhansi se asomó por la ventanilla y se despidió con un Bye sister! ¿Se puede ser más adorable?


Cuando salimos a la calle ya era completamente de noche. Como siempre, comenzamos a discutir con todos los conductores de tuc-tuc hasta que conseguimos que uno nos acercase, por un precio que nos parecía razonable, hasta Orchha, que se encontraba a 15 Km. El propio conductor nos llevó hasta el Temple View Guest House, un hotelito barato, llevado por una familia muy amable y acogedora. Eso sí, hay que decir que allí fue la primera vez que vimos cómo la tubería del lavabo se acababa a mitad de camino, por lo que todo lo que echábamos por el desagüe -véase pasta de dientes- acababa en el suelo. Volvimos a cenar arroz con tortilla francesa y nos fuimos a la cama agotados.

Inés :)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

POR UN 2016 LLENO DE VIDA



CONJUGACIÓN DEL VERBO VIVIR

Yo viajo.
Tú viajas.
Él/Ella viaja.
Nosotros/as viajamos.
Vosotros/as viajáis.
Ellos/as viajan.


Inés :)

sábado, 2 de mayo de 2015

LUZ PARA EL VALLE DEL LANGTANG

Ya ha empezado a salir en los medios lo que yo me he estado temiendo desde hace una semana.

Desde un primer momento se comenzó a hablar de la tragedia ocurrida en el Campamento Base del Everest - allí hay cobertura- y, sin embargo, a pesar de la ausencia total de noticias, mi mente estaba en el Valle del Langtang; un lugar menos conocido, con menos recursos y más cercano al epicentro del terremoto.

Hoy, finalmente, hablan de ese lugar en los medios y dicen que no queda nada, que los poblados han sido arrasados por avalanchas y rocas y que toda una ladera se ha desplomado. Que van a buscar supervivientes, pero que no debemos ser muy optimistas. Y yo solo puedo sentir impotencia, rabia y tristeza. Estaba convencida de que la destrucción allí había sido brutal y, sin embargo, soñaba con estar equivocada.

He de decir que también me siento muy afortunada, de no haber estado allí en el momento del terremoto, aunque hay algo por dentro que me dice "ojalá te hubiese pillado allí y hubieses podido ayudar", y de haber llegado a tiempo para disfrutar y vivir esta maravilla de la naturaleza. Hasta ahora, siempre que alguien me ha realizado la difícil pregunta de que qué ha sido lo que más me ha gustado de todo el viaje, tras meditar un rato, he acabado respondiendo: el Himalaya.

No me había dado tiempo a contaros la belleza y la magia de ese lugar, en el que pasamos siete días, tres de ellos atrapados por la nieve. No me había dado tiempo a hablaros del camino, de los puentes, de las cumbres nevadas, de los yaks y de su queso, del agua helada y cristalina del río, de la sencillez de la gente, de las horas de descanso alrededor del fuego, de las tazas de té negro calientes con una partida de cartas, de las bocanadas de aire que teníamos que coger de vez en cuando a casi 4.000 metros de altura, de las banderitas de colores que decoran el valle, de los imponentes glaciares o de la pura y  blanca nieve que nos cubría hasta el pecho y que hace poco decidió llevarse todo por delante.

Hoy quiero dejaros todas estas fotos, para que cuando veáis en la televisión las imágenes de ese valle completamente arrasado podáis imaginar cómo era y  haceros una idea de todo lo que se ha perdido.

SYAPRUBESI - 1462m
DOMEN
DOMEN
BAMBOO - 1970m
RIMCHE - 2399
GHODATABELA - 3030m
GHODATABELA - 3030m
LANGTANG - 3330m

LANGTANG - 3330m  
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m

Ahora solo espero que ocurra un milagro, y que todas las personas que están allí puedan volver a casa para contar lo mismo que yo os cuento o, simplemente, recuperar sus casas en medio de esa tierra de dioses. No penséis que soy una ingenua, creedme cuando os digo que allí los milagros ocurren. Que en ese lugar en medio de la Cordillera del Himalaya el Sol empieza a brillar cuando uno menos se lo espera.


KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
KYANJING GOMPA - 3860m
EXPEDICIÓN DE REGRESO
REGRESO
Mucha fuerza Nepal.

Inés.

jueves, 30 de abril de 2015

KATHMANDÚ BRILLANTE Y DE COLORES

Quería empezar a contaros el viaje por el principio, pero me vais a permitir que me salga del itinerario; más aún cuando lo que ha sucedido escapa a cualquier tipo de orden establecido...

Tras quince horas desesperantes de autobús por unas carreteras cuyo estado dejaba bastante que desear, llegamos a Kathmandú la noche del 24 de febrero. Nos dirigimos a Thamel, la zona mochilera cercana al centro, y nos quedamos en un hostalito barato. Tal y como sucedía numerosas veces al día, la luz estaba cortada. Salimos a cenar por la callecitas cercanas y nos acostamos completamente agotados.

El día siguiente amaneció como uno más; lo único que turbaba un poco mi mente era la decisión que debía tomar a cerca de hacer trekking en el Himalaya, pero nada más. Nada podía hacer presagiar que, exactamente, dos meses después, la Tierra comenzaría a temblar y que ya nada volvería a ser lo mismo, ni en esa ciudad, ni en ese país.

Creo que todos hemos visto las imágenes de destrucción posteriores al terremoto. Por eso, hoy quiero mostraros cómo era Kathmandú; cómo eran sus templos, sus calles, sus gentes y sus colores. Porque la ciudad que hoy veis gris, cubierta completamente de polvo, hace muy poco brillaba y deslumbraba a los visitantes engalanada con banderitas de colores por todas partes.

No voy a contaros el recorrido que hicimos, ni los precios, ni cómo llegar, ni cómo salir...porque ya de poco sirve. Solo quiero mostraros lo que Antonio y yo tuvimos la suerte de ver poco antes de que desapareciera.

DURBAR SQUARE


PASHUPATINATH TEMPLE


BOUDHANATH STUPA

Este es el lugar del que hablaba en la anterior entrada: "Kathmandú tiene magia y muchos lugares que esperan a que volvamos para ser descubiertos. Así que volveremos, y nos tomaremos algo a la salud de todos vosotros en una de las terracitas que rodean la Boudhanath Stupa decoradas con banderitas de colores y bajo los ojos atentos de Buda". Parece mentira que los planes puedan cambiar tan rápidamente. De todas formas, volveremos.


MONKEY TEMPLE



Mucha fuerza Nepal.

Inés.