viernes, 6 de febrero de 2015

¡COMENZAMOS NUESTRO VIAJE!


Estamos a puntito de salir de casa y seguimos ultimando cosas. Llevamos así dos días. Tengo muchísimas cosas que contaros sobre estas dos semanas que he pasado en Jaipur, pero no tengo el tiempo que me gustaría para hacerlo. Prometo escribir a la vuelta.

No encuentro la palabra adecuada para describir estos días en Jaipur. Han sido de todo, de lo más completos. 

Cada vez me siento más India, menos cosas me chocan. La gente pita lo mismo al conducir, pero yo cada vez oigo menos pitidos; cruzo las calles mucho más rápido, los coches incluso frenan para no atropellarme; he descubierto por qué todas las esquinas estaban manchadas de un líquido marrón en Delhi, es el tabaco que mastican y no paran de escupir; también conozco su truco de los calcetines con chanclas; regateo y llamo a los vendedores my frrriend - aunque Antonio sigue haciéndolo mucho mejor que yo-; cojo autobuses en marcha, y he llegado a ir agarrada a la puerta; de los regalos que he recibido de despedida ¡Ya ni os cuento!... Me siento mucho más libre y relajada, disfruto y aprendo de la gente que me rodea y de todo el ambiente.  

Me encantaría seguir escribiendo y contaros cómo me siento / nos sentimos, pero el tiempo se nos echa encima. Estamos felices, sonrientes, agradecidos, agotados pero a la vez con todas las pilas cargadas, y con unas ganas locas de recorrer y vivir este país tan increíble. 

Os dejo el recorrido que vamos a realizar, para que nos podáis seguir un poquito. Cuando tenga un ratito y un ordenador escribiré más. Empezamos por Agra, lo que significa que el Taj Mahal está más que cerca. ¡Tercera Maravilla del Mundo en menos de un año, y tercera figurita cutre para la colección!


¡Allá vamos!

Inés.

jueves, 5 de febrero de 2015

DOMINGO EN LA AZOTEA


Mañana dejamos nuestra habitación del sector 4 de SFS.

Tras varios días durmiendo en el suelo sobre varias alfombras, con un agujero como water y un cubo como ducha, podemos decir que hemos estado muy a gusto.

Esto es lo que hicimos el domingo pasado en la azotea: Anti, Uncle y Baldev se dedicaron a hacer esta cosa extraña con una gran cantidad de limones para después hacer algo que nunca llegamos a entender muy bien. Nosotros frotamos y lavamos ropa.  

Después tomamos té y dulces los cinco juntos. Nos reímos bastante, aunque la mitad de las veces no comprendiésemos nada. Aún piensan que entendemos el hindi. 

En la última foto Anti enseña las tobilleras que sabe que quiero y que se escapan de mi presupuesto. ¡Por cierto! Sí, aquí los calcetines están preparados para llevarse con chanclas; yo aún no los tengo, y me cuesta un poco seguir su moda sin perder la chancla por el camino.





¡¡Mañana por la noche nos marchamos y emprendemos el viaje!!

Inés.

martes, 3 de febrero de 2015

ESOS LOCOS BAJITOS


"Hace algunos años, recuerdo que me impresionó mucho una cosa que leí de Miguel Gila. Miguel dijo que los niños no son más que locos bajitos. La evidencia está bien clara; bajitos, bajitos... son bajitos. Y que están locos... nada más hay que vivir con ellos. Nada más hay que sentir cada uno de esos sueños que los adultos, con las tijeras raras les van cortando para convertirlos en estas cosas que andan por nuestras calles, con pantalones y faldas" Joan Manuel Serrat.

Estos son los locos bajitos que nos han robado el corazón, con sus ojos, sonrisas, abrazos y palabras.


























Antonio Sir & Inés Mam.

lunes, 2 de febrero de 2015

FUERTE AMBER Y JAL MAHAL


Tras un intento fallido, decidimos volver a los fuertes el domingo (de la semana pasada) en coche con Baldev y Malika. Baldev es el chico que creó la Asociación con la que se ha venido Antonio -otro día os contaré cositas sobre ella- y Malika es su prometida. 

Antes de llegar a los fuertes hicimos una primera parada en el Templo de Gadh Ganesh para que rezasen e hicieran una ofrenda. Estaba en lo alto de una montaña. Tuvimos que subir casi corriendo para llegar a antes de las doce, ya que según ellos era la "hora del almuerzo de Dios" y cerraban. ¡Fue la primera vez que nos pusieron el puntito en la frente!




En Jaipur hay tres fuertes: Amber, Nahargah y Jaigarh. Nosotros fuimos a visitar el primero.

Para llegar hasta él por la parte delantera hay que subir una colina. Como la subida al Templo había agotado nuestras fuerzas decidimos subir en coche por la parte de atrás. Errooor. Por lo visto mucha gente pensó lo mismo que nosotros y la cola de coches era bastante larga. Además a dos hombres no se les ocurrió otra cosa que bajarse del coche y pelearse en medio de la carretera. Finalmente llegamos, aunque hubiésemos tardado mucho menos caminando. La moraleja de Baldev fue: "Nunca llegues a los sitios por la parte de atrás".

El Fuerte Amber es un complejo palaciego que se encuentra a 11 Km de Jaipur y que se comenzó a construir en 1592 por el Rajá Man Singh I. Es enorme. Mientras lo visitábamos Antonio pensaba en la Alhambra. En su opinión podrían cuidarlo y restaurarlo un poco y sacarle mucho más partido. 



Parece un laberinto. Es imposible saber en qué parte del palacio se está en cada momento. Cada puerta lleva a otra puerta, y luego a un estrecho pasillo a oscuras que termina en unas escaleras muy empinadas que llevan a una pequeña sala con una puertecita que... Nosotros no conseguimos encontrar la salida, por lo que tuvimos que salir por la entrada.

El lugar más bonito es el Vestíbulo de los Espejos. Según cuentan, por la noche solo era necesaria una vela para iluminarlo entero ya que su luz reflejaba por todas partes.




De regreso a Jaipur hicimos una parada en el Jal Mahal, el Palacio del Agua, situado en medio del Lago Man Sagar. El acceso a este está muy restringido. Tan solo se usa en ocasiones especiales para recibir a importantes personalidades. Nosotros pensamos que nuestra llegada merecía tal recibimiento, pero se ve que ellos no creyeron lo mismo, así que nos conformamos con verlo desde la orilla del lago.




Inés.



domingo, 1 de febrero de 2015

BODA INDIA FALLIDA


Están pasando tantas cosas que no encuentro el momento de pararme y ponerme a contarlas.

Una de esas cosas es la boda a la que asistí el pasado viernes con una amiga y su familia. Una boda fallida.

Todo comenzó muy rápido. Llegamos a casa a las cinco y media y recibimos una llamada de Malika invitándonos a una boda. Antonio tenía que trabajar, pero yo pensé que me vendría bien para mi TFG, así que me apunté. A las seis y cuarto tenía que estar en su casa, aunque por allí la cosa se retrasó y acabé yendo a las ocho.  Al llegar con las "mejores galas" que se me ocurrió meter en una maleta con destino la India, me ofrecieron ponerme un vestido típico, acepté, y... voilá!


En la India las bodas duran tres días, durante los cuales se realizan una gran cantidad de rituales. Las familias de los novios permanecen separadas y realizan las celebraciones por su cuenta hasta el último momento; cuando, supuestamente, ambos se encuentran en el típico Marriage Garden. Y digo supuestamente porque esta vez no fue así. Ya que tras acompañar al novio durante todo el camino nos encontramos con este panorama tan desolador. Todo vacío, no estaba ni la novia.


Como veis, poco puedo contar de la boda y del encuentro de los novios. Podría seguir cotilleando sobre las posibles causas de este curioso suceso, pero prefiero hablaros del recorrido que hicimos.

El novio es el primo de mi amiga, así que nosotros fuimos de su parte. Por cierto, aunque otro día ya os contaré más sobre este asunto, las bodas de conveniencia están a la orden del día, son las más comunes en India; y esta era una de ellas. Ningún miembro de la familia de Malika conocía a la novia - y seguirían sin conocerla- , a la cual su prometido había visto una o dos veces antes de la boda. En fin. A lo que iba, que la costumbre aquí es acompañar al novio durante el recorrido que hay entre el lugar en el que se encuentra reunida toda la familia -entre ellos este pequeño mafioso- y el Marriage Garden, y así lo hicimos.




Salimos a la calle junto al futuro marido. Este iba sentado sobre un caballo blanco completamente decorado y ataviado con unas cuantas joyas de plástico, un turbante y un sable. Él cerraba la comitiva. Por delante los hombres bailaban al son de la música de la banda. Tras ellos caminaban las mujeres. A simple vista todo era súper divertido, y la verdad es que me hacía mucha gracia verles bailar. ¿Verles? ¡Ah, sí, que les veía! Porque llevábamos a unas quince personas "intocables" a nuestro alrededor cargando con unas lámparas que no tenían pinta de pesar poco. Estas personas eran niños, ancianos y mujeres; no esperéis a algún fortachón, no... Y, por supuesto, detrás llevábamos a una camioneta transportando un generador. Todo me parecía demasiado absurdo. Lo cierto es que no sé qué me pareció más patético; si eso, o el hecho de que los hombres bailasen y se paseasen entres los músicos, con billetes de 10 Rp en alto y riéndose al ver cómo saltaban para intentar cogerlos. En fin...



Para que os hagáis una idea, la imagen que más se repite en mi cabeza al pensar en la boda es la típica flor rosa de plástico del Chino; que ni huele, ni oxigena, ni ; solo aparenta.

* ACTUALIZACIÓN: Creo que no he sabido explicar muy bien lo que me cabreaba. No son las lámparas y no son los billetes de 10 Rp, son las formas. Es el aire de superioridad que se respira en el ambiente. No culpo a cada individuo como tal, culpo a la sociedad. Una sociedad completamente jerarquizada que les enseña que tienen todo el derecho del mundo a comportarse de esa manera porque son de una casta superior. Realmente creen que son diferentes. Supongo que lo que más me cabrea es que crean en las castas...


A pesar de todo, creo que debe ser bastante especial, a la vez que curioso, poder vivir una boda desde dentro, durante los tres días. Sé que para ellos son realmente importantes y que, posiblemente, no se den cuenta de todas esas cosas que a mí me chocaron tanto. Son tradiciones y costumbres que debemos respetar.

Estoy muy contenta de haber asistido a esa boda fallida y también de ver cómo todo el mundo cuenta con nosotros; para que aprendamos lo máximo posible sobre este país tan increíble. Además, por un rato me sentí un poco Jasmín, la de Aladdín.

Inés.