Quería empezar a contaros el viaje por el principio, pero me
vais a permitir que me salga del itinerario; más aún cuando lo que ha sucedido
escapa a cualquier tipo de orden establecido...
Tras quince horas desesperantes de autobús por unas
carreteras cuyo estado dejaba bastante que desear, llegamos a Kathmandú la noche
del 24 de febrero. Nos dirigimos a Thamel, la zona mochilera cercana al centro,
y nos quedamos en un hostalito barato. Tal y como sucedía numerosas veces al
día, la luz estaba cortada. Salimos a cenar por la callecitas cercanas y nos acostamos completamente agotados.
El día siguiente amaneció como uno más; lo único que turbaba
un poco mi mente era la decisión que debía tomar a cerca de hacer trekking en
el Himalaya, pero nada más. Nada podía hacer presagiar que, exactamente, dos
meses después, la Tierra comenzaría a temblar y que ya nada volvería a ser lo
mismo, ni en esa ciudad, ni en ese país.
Creo que todos hemos visto las imágenes de destrucción
posteriores al terremoto. Por eso, hoy quiero mostraros cómo era Kathmandú;
cómo eran sus templos, sus calles, sus gentes y sus colores. Porque la ciudad
que hoy veis gris, cubierta completamente de polvo, hace muy poco brillaba y deslumbraba a los visitantes engalanada con banderitas de colores por todas partes.
DURBAR SQUARE
PASHUPATINATH TEMPLE
BOUDHANATH STUPA
Este es el lugar del que hablaba en la anterior entrada: "Kathmandú tiene magia y muchos lugares que esperan a que volvamos para ser descubiertos. Así que volveremos, y nos tomaremos algo a la salud de todos vosotros en una de las terracitas que rodean la Boudhanath Stupa decoradas con banderitas de colores y bajo los ojos atentos de Buda". Parece mentira que los planes puedan cambiar tan rápidamente. De todas formas, volveremos.
MONKEY TEMPLE
Mucha fuerza Nepal.
Inés.