El pasado domingo un atascazo en
el centro de Jaipur nos llevó a bajarnos del autobús en medio de toda la
aglomeración y llevar a cabo un cambio de planes repentino.
Nos dirigíamos a los fuertes,
pero lo dejamos para otro día. Decidimos empezar a visitar Jaipur al estilo
turista desde lo que teníamos más cerca. Primero compramos un ticket válido
para visitar algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad durante dos días. Nos costó
200 Rp a cada uno por ser estudiantes extranjeros.
El Hawa Mahal se encuentra en una
de las calles principales del centro de Jaipur. Fue construido en 1799. Se creó
como una extensión al Palacio de la Ciudad destinada al harén. Es por esto que
todas las fachadas están llenas de pequeñas ventanitas, para que las mujeres
puedan ver sin ser vistas. Desde lo alto se puede ver una bonita estampa del
centro de la ciudad y del observatorio que iríamos a visitar más tarde.
Lo más bonito del Hawa Mahal es
su fachada rosada, lo que hace que se integre a la perfección en la Ciudad Rosa. Su arquitectura recuerda a la cola de un pavo real o a una corona. Unos cuantos monos pasean y saltan a sus anchas. El interior está formado por un montón de habitaciones y pasillos que en la actualidad están vacíos y sin iluminación; aunque podemos encontrar alguna cristalera.
A pocos minutos caminando se
encuentra el Jantar Mantar, uno de los observatorios solares más grandes del
mundo. El camino que seguimos para llegar de un lugar a otro no nos dejó para nada indiferentes - y no sólo por la cabra con chaqueta de manga larga que vimos-. No era un barrio ruidoso; parecía más bien un barrio sin vida, abandonado, sucio, derruido... pero con mucha gente en las esquinas y niños jugando descalzos en la calle.
El Jantar Mantar fue construido en 1728 por el Maharajá Jai Singh, amante de la
astronomía. Es realmente asombroso el tamaño que tienen los distintos aparatos de medición . Lo que más nos llamó la atención
fue este gigantesco reloj de sol, de veintisiete metros de alto, que sigue
funcionando con una precisión de dos segundos. Una pena que los días sigan
nublados, porque poca sombra pudimos ver.
Para terminar el día nos fuimos al Indian Coffee House, una de las cafeterías más famosas y antiguas de la ciudad. Un café helado y un batido de plátano con unas tostadas por 120 Rp nos devolvieron las fuerzas.
Inés.







