No sé qué hay más en este momento;
si personas caminando y escupiendo y tuc-tucs
pitando en las calles de Nueva Delhi o pensamientos e ideas en mi cabeza.
Supongo que la mejor palabra para
describir todo lo que he empezado a pensar y a sentir acerca de la India en
estos tres primeros días es: INCREÍBLE. Aún no sé si es bueno o malo,
simplemente es que creo que ninguna persona que no haya estado en la India
puede llegar a creer o a imaginar lo que se vive en las calles de este país. Lo
mismo opino de los muchos turistas que la visitan desde un autobús, siguiendo a
un guía y bebiendo agua embotellada en algún resort.
Podría comenzar a hablar, como
muchas veces he hecho, de contrastes;
esa palabra tan recurrente que empleamos para hablar sobre los nuevos lugares
que visitamos, y que nos ofrecen personas y culturas de todo tipo. Sin embargo,
mi primera impresión en la India no tiene que ver con los contrastes, es más,
lo veo todo de un tono bastante grisáceo y homogéneo. Veo pobreza por todas
partes, los pobres me parecen pobrísimos y
los ricos me siguen pareciendo pobres.
- Mientras escribo estas líneas
Antonio ya me está llevando la contraria y poniéndome unos cuantos ejemplos de
contrastes. Pero él tiene ventaja, lleva aquí mucho más tiempo; así que cuando
cambie de idea os lo contaré-.
En Nueva Delhi hay basura y
escombros por todas partes, gente tirada en la calle y durmiendo en las aceras,
en ocasiones brota un olor insoportable de las esquinas, los hombres escupen y
se tiran eructos, los vehículos pitan constantemente, cruzar la calle se
convierte en una especie de misión imposible, en el metro no cabe ni un alfiler, los baños
apestan, los niños juegan descalzos e incluso desnudos en las calles... pero
sonríen.
Y cada vez que lo hacen esos ojos
y esos dientecitos me vuelven loca.
Os presento a Good morrrning - no sé cómo se llama y
eso era lo único que sabía decir en inglés-, un pequeñajo que nos saludaba
todos los días en la azotea del hostal y nos acompañaba escaleras abajo hasta
la entrada para decirnos adiós. También nos esperó la noche que nos marchamos.
Supongo que ya no podré olvidar el
momento en que se puso frente a mí, me cogió las manos con sus manitas sucias y
me empezó a contar algo en hindi que parecía ser muy interesante mientras me
miraba con esos ojazos.
Luego nos despidió diciendo good morrrning.
Inés.
Me encanta!!! Sigue así y pásalo muy bien!!!!
ResponderEliminarGood Morrrrrrning!!!!