jueves, 22 de enero de 2015

NUEVA DELHI, PRIMERAS IMPRESIONES


No sé qué hay más en este momento; si personas caminando y escupiendo y tuc-tucs pitando en las calles de Nueva Delhi o pensamientos e ideas en mi cabeza.

Supongo que la mejor palabra para describir todo lo que he empezado a pensar y a sentir acerca de la India en estos tres primeros días es: INCREÍBLE. Aún no sé si es bueno o malo, simplemente es que creo que ninguna persona que no haya estado en la India puede llegar a creer o a imaginar lo que se vive en las calles de este país. Lo mismo opino de los muchos turistas que la visitan desde un autobús, siguiendo a un guía y bebiendo agua embotellada en algún resort.


Podría comenzar a hablar, como muchas veces he hecho, de contrastes; esa palabra tan recurrente que empleamos para hablar sobre los nuevos lugares que visitamos, y que nos ofrecen personas y culturas de todo tipo. Sin embargo, mi primera impresión en la India no tiene que ver con los contrastes, es más, lo veo todo de un tono bastante grisáceo y homogéneo. Veo pobreza por todas partes, los pobres me parecen pobrísimos y los ricos me siguen pareciendo pobres.

- Mientras escribo estas líneas Antonio ya me está llevando la contraria y poniéndome unos cuantos ejemplos de contrastes. Pero él tiene ventaja, lleva aquí mucho más tiempo; así que cuando cambie de idea os lo contaré-.


En Nueva Delhi hay basura y escombros por todas partes, gente tirada en la calle y durmiendo en las aceras, en ocasiones brota un olor insoportable de las esquinas, los hombres escupen y se tiran eructos, los vehículos pitan constantemente, cruzar la calle se convierte en una especie de misión imposible,  en el metro no cabe ni un alfiler, los baños apestan, los niños juegan descalzos e incluso desnudos en las calles... pero sonríen.

Y cada vez que lo hacen esos ojos y esos dientecitos me vuelven loca.

Os presento a Good morrrning - no sé cómo se llama y eso era lo único que sabía decir en inglés-, un pequeñajo que nos saludaba todos los días en la azotea del hostal y nos acompañaba escaleras abajo hasta la entrada para decirnos adiós. También nos esperó la noche que nos marchamos. Supongo que ya no  podré olvidar el momento en que se puso frente a mí, me cogió las manos con sus manitas sucias y me empezó a contar algo en hindi que parecía ser muy interesante mientras me miraba con esos ojazos.

Luego nos despidió diciendo good morrrning.

Inés.

1 comentario: